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martes, 5 de febrero de 2013

Vestidos

Cuando tenía cómo 9 o 10 años, mis amigas y mis primas que son de mi edad, tenían enormes tenis-plataformas, jeans, donas para el cabello en las manos y los suéteres y franelas amarradas a la cintura; caminaban cómodas y contentas con el cabello suelto con apenas una pasada del peine, cantaban canciones que habían escuchado en sus grabadoras o la radio decenas de veces al día, hablaban de la misma forma, juntas podrían haber sido miembros del mismo club.

Yo tenía el armario lleno de vestidos, faldas y apenas un par de pantalones y shorts. Usaba mallas y zapatos, los tenis eran para ocasiones especiales en los que sabíamos que saldríamos a jugar a otro lugar fuera de casa. Mi cabello siempre estaba perfectamente peinado y recogido, lo que costaba constantes regaños y lágrimas por las mañanas en que mi mamá me peinaba y yo me quejaba de que me jalaba el cabello. Mis primas y mis amigas se fastidiaban de no poder saltar y jugar conmigo porque mi indumentaria no me lo permitía, a veces hablaban de la canción del momento y la cantaban mientras yo las miraba sin entender de lo que hablaban y tratando de poner suficiente atención para aprenderme la letra yo también.

En ese tiempo me costó trabajo ser parte de lo que todas las demás eran. 

Con el tiempo entendí por qué mi mamá no me dejó ser cómo todas las demás, ella había carecido de muchas cosas cuando era pequeña, con hermanas más grandes y más pequeñas, tanto la ropa como los juguetes tuvieron que pasar de mano en mano, y no es que no tuvieran linda ropa nueva, es que era un gusto reservado para ciertas ocasiones especiales. Por mucho tiempo pensé que mi mamá estaba algo decepcionada de mí por no haber heredado su belleza, pero pensando en retrospectiva, justamente en esa época en que la imagen empieza a tomar más valor, ella se encargó de vestirme para no ser una más del montón, para que mis vestidos de terciopelo y flores, mis sombreros y mis zapatos proyectaran la imagen que ella tenía de mí y que seguramente ella anheló en su infancia: una princesita.


domingo, 30 de diciembre de 2012

Fin 2012

Pese a que siempre me quejo de estos posts de fin de año, siempre termino escribiendo uno, el de este año no es más que un ejercicio para revisar los cambios y poder vislumbrar nuevas metas.

Tengo que empezar diciendo que el fin del año pasado fue muy triste y sombrío, toda la familia traíamos cargando el duelo, yo brincaba en estados de ánimo extremos, no podía contener en mi memoria los recuerdos que se atiborraban en la boca para salir en cualquier momento, hoy sigue siendo difícil admitir que ella ya no está en casa esperándome para comer, pero dentro de mí, sé que ella sigue en las pequeñas cosas y que cuando lo necesito me visita en mis sueños para no olvidarme de su sonrisa.

Este año fue como un examen eterno, tuve que desempeñar un rol que siempre me disgustó y lo tuve (tengo) que desempeñar bien porque de él depende la estabilidad de mi, ahora, diminuta familia. Tengo que decirlo, regresó a mí el mood valemadres que había perdido, pero ahora mejorado, me ha ayudado a dejar de buscar la aprobación de los demás y, sobretodo, me ha hecho aceptarme y amarme tal y cómo soy. Me ha ayudado a apalabrar mi sentir y pensar con quien lo necesito y aunque ahora no funcione todo a la perfección, me siento contenta de nuevo, capacidad que creía haber perdido.

Aún faltan muchas cosas que resolver y cambios que llevar a cabo, pero este fin de año me siento satisfecha y aliviada de haberme tomado esta pausa en mi vida, sé que muchos no lo entienden, pero en verdad necesitaba dormir por horas, llorar sin motivo alguno, pasar días sin salir de casa y otras cosas más para poder continuar mi camino sin rencores, dolores y otros demonios en la espalda.

Sé que la mayoría de las personas que me salvaron día a día no leerán estas palabras, por eso me atrevo a escribirlas: Sin ustedes yo seguiría en el fondo del pozo, gracias por darme motivos, darme fe y sobretodo, gracias por ayudarme a recoger los pedacitos de mi corazón roto.

Que el año que viene nos llene de oportunidades.

martes, 3 de julio de 2012

México, Por Favor:

No te rindas, aún estás a tiempo
de alcanzar y comenzar de nuevo,
aceptar tus sombras, enterrar tus miedos,
liberar el lastre, retomar el vuelo.
 
No te rindas que la vida es eso,
continuar el viaje,
perseguir tus sueños,
destrabar el tiempo,
correr los escombros y destapar el cielo.
 
No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se esconda y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma,
aún hay vida en tus sueños,
porque la vida es tuya y tuyo también el deseo,
porque lo has querido y porque te quiero.
 
Porque existe el vino y el amor, es cierto,
porque no hay heridas que no cure el tiempo,
abrir las puertas quitar los cerrojos,
abandonar las murallas que te protegieron.
 
Vivir la vida y aceptar el reto,
recuperar la risa, ensayar el canto,
bajar la guardia y extender las manos,
desplegar las alas e intentar de nuevo,
celebrar la vida y retomar los cielos,
 
No te rindas por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se ponga y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma,
aún hay vida en tus sueños,
porque cada día es un comienzo,
porque esta es la hora y el mejor momento,
porque no estás sola,
porque yo te quiero.
Mario Benedetti

Con fraude o sin él, es momento que los mexicanos no dejemos que vuelva el pasado. Ya lo vimos en los últimos meses, estamos despertando del letargo de ochenta y tantos años. Podremos aceptar que Peña Nieto sea el presidente que algunos mexicanos eligieron, pero todo el país tenemos el deber y el derecho de mirar con lupa cada paso y decisión que tome y nadie, ni el presidente, ni las televisoras, ni las familias poderosas van a callar nuestras voces, simplemente porque somos más. 

La revolución apenas comienza, no te rindas México.

jueves, 24 de mayo de 2012

Feliz Cumpleaños, Pixie!


He cumplido un año más de vida y por primera vez, he notado todos esos cambios que se supone llegan con la edad y la experiencia.

Siento que ya no queda espacio para esa adolescente berrinchuda que vive en mi, creo que le tengo que dar lugar a lo que sueño y espero y por fin dedicarme a completar todo lo que necesito para terminar la universidad y empezar mi vida laboral.

Decidí que no puedo detenerme a llorar siempre, que tengo que aprender a caminar, aunque sea con la mirada borrosa y sin ninguna  certeza más la de seguir adelante, pase lo que pase.

Sé que ya es tiempo de hacer limpieza de costumbres y personas que han seguido ancladas a mi y que se convirtieron en una carga más. No debo atribuirle a los sentimientos del pasado todo el valor de una persona que hoy, en el presente, no me hace feliz ni aporta nada a mi crecimiento.

Tengo que hacerme responsable sólo de mi y mi mascota. No tengo que intentar salvar siempre todo y a todos, porque no habrá nadie que venga a salvarme a mi después. Debo entender que amarme a mi misma por encima de todas las cosas, no es un acto egoísta, sino uno de supervivencia.

Sobretodo, no debo dejar ir mi esencia ni a las personas que me ayudaron a construirla.

Extrañaré siempre a mi mamá, siempre me hará falta, pero debo concentrarme en que ella ha llegado a lo más elevado y sublime y ahora me toca a mi trazar mi camino para alcanzarla, la mejor forma de demostrarle cuánto la amo y cuán importante es para mi, es siguiendo adelante con todo lo que me enseñó y lo que yo le aprendí.

Si este año se viene el fin del mundo, quiero llegar a él haciendo lo que tenía pensando al principio. No puedo, no debo seguir llorando por angustia de lo desconocido, ni por el amor que  jamás desperté en quienes yo quería. Debo hacerme a la idea de que, quienes quisieron ir a la par conmigo y verme despejar el vuelo, estuvieron ahí siempre cuando los necesité y, por más doloroso que sea, todas las personas tenemos una fecha de caducidad en la vida de los demás y de nada sirve querer salvar algo que ya no está, aunque mi corazón me mienta diciendo que sí.

Es curioso… hubo personas que hicieron lo imposible para hacer presencia y no dejarme sola, cómo anticipándose al duelo que venían maquilando mis ganas de tirar todo a la basura con el rayito de esperanza que se expande con esas muestras de cariño.

Voy a esforzarme por acercarme más a ese estado sublime.






Feliz Cumpleaños, Pixie!

lunes, 30 de mayo de 2011

Dirty Talk

La primera vez que hablé de sentimientos abiertamente, sin maquillar el temor o la apatía, ni las ganas, ni las fantasías, fue con -él- y fue en la cama de un hotelucho.


Desde ese momento mi perspectiva sobre el sexo se reconfiguró en muchos sentidos, el más importante, creo, tiene que ver con la exposición. A muchas personas no les gusta hablar, bañados en sudor y otras sustancias y tratando de recuperar el aliento lo dificulta aun más. Con él comprendí que los hombres que disfrutan del sexo lo hacen con medida, no se exigen más que el puro placer, sin contar las veces ni las posiciones.


Por ello, no escatiman en besos ni caricias, besos y caricias que también sirven y aplican para charlar para recuperarse. De qué tema? No importa!!! Lo más bello es que puedes hablar de todo y sincerarte por completo, puedes decir que aún amas/extrañas/odias a alguien, puedes hablar de los planes a futuro, de tu niñez, de tus amigos, tu hogar, el trabajo... En esa primera hora de charla, desnudos en una cama individual, aprendí de él más que en todo el año que llevabámos conociédonos.


Será tal vez el cansancio que te impide activar tus escudos, yo creo que va de la mano con la libertad que provoca el sexo, aun cuando lo hayas hecho en la cama de tus papás [uhh, kinky!!]... no lo sé, no importa!! Vivo por esas charlas... un caballero, siempre se dará el lujo de hablar...

domingo, 15 de mayo de 2011

The Holiday

La historia de mi vida:






Una y otra y otra y otra y otra vez...

Eso me pasa por ser tan más pinche fácil e ingenua.

domingo, 1 de mayo de 2011

Cerveza Oscura

Hace un año te vi sentado con cierto aire de impaciencia en el rostro: tus anteojos, los audífonos al rededor del cuello, la playera de Muse del concierto que habían dado hace unas semanas, los zapatos negros y los jeans claros. Fue la primera vez que no sentí temor por lo que pasaría, te vi ahí y de inmediato supe que eres bueno, que no me causarías dolor deliberadamente; fue el abrazo inesperado que me diste al saludarme, tan fuerte, tan tierno, tan tú [después lo comprendí] que me lo confirmó.

Quería hacerte reír haciendo observaciones absurdas, sé que notaste mi nerviosismo y aún así tu mirada no se apartó de mi, después sería nuestra charla que nunca se alejó de tu amigo, un par de confesiones, nada serio.

Para cuando llegamos al café ya tenía en mente donde quería terminar, quería probarte pero mantuve la reserva hasta que tú dieras el primer paso, ese primer beso que se presta para continuar charlando o pedir la cuenta; tú te levantaste decidido y con una sonrisa te acercaste a mis labios, tan varonil y a la vez tan frágil y tan rápido que no me pude aguantar con sólo eso y te acerqué de nuevo para probarte, después me dirías que con mi lengua buscando la tuya sabías que querías tomarme.

Hasta que charlamos en el barecito fue que sentí que teníamos algo en común, no porque en algo pensáramos igual, sino porque ambos teníamos una idea clara de lo que queríamos que pasara en las horas siguientes, de nuevo, tu mano en mi pierna y esa mirada tuya me lo confirmarían...

Lo demás no necesita detalles, para ahorrarme líneas escribiré que derrochamos besos y caricias, la mayoría torpes, pero llenos de deseo, de entusiasmo, de picardía. La mejor charla que he tenido en mi vida, la mantuve contigo en esa cama medio desnudos, cuando me dijiste que aún la amabas y nos burlamos de nuestros nombres de telenovela, cuando me hablaste de tu padre y noté tu admiración por él. Fue en ese momento donde tuve una epifanía de que no quería que ese momento acabara, que tú y yo éramos perfectos así, abrazados en una cama individual hablando de todo y nada, ahí, pensando que podíamos jugar a querernos a medias y a las posibilidades, ahí, mientras abría la ventana para dejar escapar un poco de nuestro calor y tú te dirigías a mi llamándome "amor".

En ese abrazo que me sorprendió mientras revisaba las llamadas y la posibilidad de pasar la noche juntos, de volver la semana entrante y acordar visitarme en mi cumpleaños, fue ese día que me dio a conocer una felicidad diferente, que en algún momento me hizo sentir completa. Quería guardármelo y al mismo tiempo gritarlo mil veces.

Te conocí hace un año y yo quería hacer este recuento contigo, porque solamente tú lo entenderías.

martes, 12 de abril de 2011

Crónica

Me enamoré de él en el momento en que me dijo que no podríamos ser más que amigos, con derechos muy limitados, pero amigos a fin de cuentas. Fue como me miraba, sus palabras, el recuerdo que lo sostenía, lo sentí libre, lo sentí comprometido con su causa de ser un hombre, en toda la extensión de la palabra; me enamoré de él justo porque fue el primer hombre en mi vida que al hacer algo por él, pensaba también en mi, "hace falta química" me dijo, ninguno de los dos nos dimos cuenta de que el me tenía, sin conocerlo, sin acordarme de su segundo apellido, sin tener algo bueno en común.

Aquella mañana también fue incónica porque sin poder contenerme lloré frente a él, nunca lo había hecho, nunca me habían cortado antes de empezar una relación!! Pero me sentí satisfecha, desde entonces me permití sentir lo que fuera, celos, angustia, esperanza, fe, deseo, cualquier cosa, porque lo quería [quiero], mi único límite siempre fue en no forzar nada, me propuse hacer que esto durara lo más posible, que aprendiéramos juntos, que compartiéramos cosas, hacer que muchas noches fuera mío solamente, aunque el resto de la semana fuera de alguien más.

Después de esa mañana sólo lo volví a ver una vez, que fue la noche perfecta. Esa vez me dí el lujo de jugar un poco más, de no reprimir el deseo de un abrazo o de un beso, de decirle "te quiero" mientras estaba dormido, aquella mañana regresé a casa satisfecha, de ambos, pensé que lo que teníamos nos daba el ancho a lo que cada uno necesitaba en ese momento, compañía, es lo que más me viene a la mente ahora.

Una vez me escribió que me extrañaba, no lo quise creer, traté de no darle importancia, "no es a ti" pensaba; de haberme dejado llevar le habría contestado "yo también, ahorita, ayer, mañana!! A tus ojos, a tu boca, tus manos, tu aliento, todo, todo de ti, a ti... te extraño mucho"... Estás mal, pensé, y me conformé con expresarle que yo igual.

En estos meses me sentí orgullosa de contenerme, de guardar lo nuestro al máximo, sólo un par de referencias aquí y allá, sólo aquellas ocasiones en que no podía disimular mi alegría por charlar con él, pero lo quería mantener mío, sólo para mi, aunque leyera de las mujeres que le ocupaban el pensamiento, de cada una que le provocaban más cosas que yo, yo era feliz, a medias!! Pero nunca me había acercado tanto a la completud.

Me enamoré de él porque es diferente, porque habla, escribe; porque pensé que era un hombre libre que se hacía cargo de sus deseos así como de sus obligaciones. Hasta que un día, decidió darme un poco de la honestidad que siempre presumí y para terminar, lo que sea que teníamos, me escribió "hasta aquí".

domingo, 14 de noviembre de 2010

Renta

Yo quería ayudarle, tal vez es porque ya me estoy creyendo eso de ser psicóloga o sólo porque me nació el espíritu altruista, al final me había impuesto la meta de hacerlo sentir mejor, menos deprimido, con más ganas de continuar.

Luego me dí cuenta de que también me gustaba, que en realidad lo quería, en mi vida y de manera sentimental, uno no encuentra todos los días un hombre que por quedar bien escribe frases cortas aplaudiendo el uso de comas y acentos de tu escrito, no, de echo yo pensaba que le caía mal y ahora ya me había metido en sus pantalones.

Pero, aunque también lo deseaba, quería más que él se apoyara en mi, así como todos se me acercan para contarme sus problemas sin siquiera preguntarme cómo estoy, yo quería que el me usara así, que confiara en mi y que gustara de mi plática para reflexionar o sólo pasar un buen rato. Quería que un día después de un tiempo naciera algo más entre nosotros, un vínculo más fuerte, que me asegurara que a pesar del tiempo y las personas yo siguiera estando en él, pensando en mi de vez en cuando, tal vez extrañando un poco mi voz...

No fue así.

Hay cosas que pasan y mueven lugares y espacios en tu mente, reacomodas prioridades, recuerdas a personas que pensabas olvidadas, a veces empiezas a querer y otras dejas de hacerlo. Él se puso a recordar, su gente, sus gustos, sus mujeres, no lo culpo ni debería, viviendo ahí, cuando su cuadro estaba completo lo hace sentirte así, completo.

Pero es ahora que me doy cuenta del lugar que ocupo en su vida, de lo volátil que soy. Y es que siempre pensé que dormir con alguien era algo íntimo, pero no había contemplado los tipos de intimidad; tal vez pude haber visto su cuerpo desnudo, pero no su mente, no sus palabras. Me dí cuenta de que si tuviera un problema o la simple necesidad de hablar con alguien, no pensaría en mi.

Sé que le doy otro tipo de alivio, algo más mundano y fácil, lo único que poseo y le puedo dar a manos llenas; pero es ahora que veo sus palabras para otras mujeres, el tiempo que les ha dedicado, el espacio que ocupan en su cuerpo, en su existencia, es ahora que siento miedo y me siento frágil, porque en su vida, sólo soy una inquilina más.

domingo, 27 de junio de 2010

Hacienda


Lo que quedó de ella, de las pocas imágenes que sobrevivieron de la eliminación masiva.



Mandujano, Apaseo el Alto; Gto.
Julio del 2008.