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martes, 5 de febrero de 2013

Vestidos

Cuando tenía cómo 9 o 10 años, mis amigas y mis primas que son de mi edad, tenían enormes tenis-plataformas, jeans, donas para el cabello en las manos y los suéteres y franelas amarradas a la cintura; caminaban cómodas y contentas con el cabello suelto con apenas una pasada del peine, cantaban canciones que habían escuchado en sus grabadoras o la radio decenas de veces al día, hablaban de la misma forma, juntas podrían haber sido miembros del mismo club.

Yo tenía el armario lleno de vestidos, faldas y apenas un par de pantalones y shorts. Usaba mallas y zapatos, los tenis eran para ocasiones especiales en los que sabíamos que saldríamos a jugar a otro lugar fuera de casa. Mi cabello siempre estaba perfectamente peinado y recogido, lo que costaba constantes regaños y lágrimas por las mañanas en que mi mamá me peinaba y yo me quejaba de que me jalaba el cabello. Mis primas y mis amigas se fastidiaban de no poder saltar y jugar conmigo porque mi indumentaria no me lo permitía, a veces hablaban de la canción del momento y la cantaban mientras yo las miraba sin entender de lo que hablaban y tratando de poner suficiente atención para aprenderme la letra yo también.

En ese tiempo me costó trabajo ser parte de lo que todas las demás eran. 

Con el tiempo entendí por qué mi mamá no me dejó ser cómo todas las demás, ella había carecido de muchas cosas cuando era pequeña, con hermanas más grandes y más pequeñas, tanto la ropa como los juguetes tuvieron que pasar de mano en mano, y no es que no tuvieran linda ropa nueva, es que era un gusto reservado para ciertas ocasiones especiales. Por mucho tiempo pensé que mi mamá estaba algo decepcionada de mí por no haber heredado su belleza, pero pensando en retrospectiva, justamente en esa época en que la imagen empieza a tomar más valor, ella se encargó de vestirme para no ser una más del montón, para que mis vestidos de terciopelo y flores, mis sombreros y mis zapatos proyectaran la imagen que ella tenía de mí y que seguramente ella anheló en su infancia: una princesita.


sábado, 30 de junio de 2012

It's Hard To Dance With A Devil On Your Back

Probablemente nunca compre un disco de Florence + The Machine. No tengo el cover de Glee porque es demasiado rosa. Me da una comezón terrible en mi Queen la nueva canción de Muse y me niego rotundamente a escuchar la música nueva.

Pero qué pinche hermoso es este performace: 




Se me hace un nudo en la garganta cada que lo veo, cómo la primera vez.

jueves, 14 de junio de 2012

Un Año


Hoy encontré la carta que me dio cuando estaba en la secundaria. En un ejercicio de la trabajadora social, les pidieron a los papás/tutores que nos escribieran una carta. Llevábamos ya un par de años con mi papá en otro país y ella había tenido que sortear de nuevo la estabilidad familiar, en una ciudad desconocida sin la mayoría de sus hermanas y su mamá.

Nunca me puse a pensar en cuál fue su sentir en esos días. No es que no me importara, pero eres un hijo, tienes puesta la camiseta de que son los padres los que tienen que pensar en ti y no al revés. Recuerdo muchas ocasiones en que me dijo con algo de remordimiento "los hijos nunca sabemos todo lo que sufren los padres", esa frase retumbaría en mi mente esta fecha hace un año, yo quería que se quedara conmigo, que luchara, era muy joven para darse por vencida!, luego vinieron esas palabras a mi mente y se me revolvió el estómago, qué podía saber yo?

Recordé muchos episodios en nuestra vida juntas: cuando me jalaba el cabello al peinarme, nuestras escapadas para ir a comer, muestras idas al súper y los chabacanos con chamoy que compraba para el camino de regreso, sus palabras bruscas con impotencia de fondo, el abrazo en un día en que la nostalgia hizo de la suyas en su memoria, el cansancio en sus últimos días en el hospital, esa mañana que pintaba para ser un buen día...

En esta carta no había dolor; me escribió que ella quisiera poder protegerme de todo lo malo y ayudarme a vencer los obstáculos que la vida me presente. Escribió que se siente muy orgullosa de mi y que eso no va a cambiar nunca. Esa fue la única vez que me lo dijo. 

Muchas veces me quejé de su seriedad, no era una mujer de halagos y cariños, le gustaba hacer bromas y reírse de todo y de todos. Es una de las personas más nobles de mi vida, aunque fuera fría a veces, al final si veo el panorama completo, ella siempre estuvo de mi lado, siempre creyó en mi mucho más de lo que yo lo he hecho toda la vida. Nunca me dijo que no a algo que intentara emprender, aunque significara más trabajo y esfuerzo para ella, siempre tuvo tiempo para mi, cuando fuera y cuanto necesitara y yo no me había dado cuenta en cómo mi vida giraba en torno a lo que la pudiera hacer sentir orgullosa, en nuestras pláticas y chismes, en que al final del día, ella siempre me iba a preguntar cómo me había ido.

Ha sido un año difícil sin su compañía y sus respuestas, aunque dentro de mi sé que ella me está oyendo en algún lugar del universo.



Te extraño, siempre lo haré...





1966 - 2011

jueves, 10 de mayo de 2012

Feliz Día


Lo que siempre me molestó de este día fue el amor forzado que se esparce por todas partes. Todo mundo habla de regalos para mamá y todos pensamos que tenemos la mejor mamá del mundo, sólo en este día nos aventuramos a hacer esta reflexión que en otras fechas no tiene lugar ni sentido alguno.

Mi mamá era promedio, debo decir: ni muy mala ni muy buena. Ella y yo éramos completamente diferentes, las cosas que a ella le gustaban a mi siempre me causaban conflicto. Yo siempre he sido cursi, hogareña y preocupona, mi mamá solía reírse de las veces que lloraba viendo películas y solía salir con sus amigas a bailar a salones.

Tengo una carta que me escribió cuando yo estaba en la secundaria y en ella está escrito, por única ocasión, que estaba orgullosa de mi. No solíamos hablar de sentimientos ni sueños; hablábamos de lo que había acontecido en el día, de lo que tendríamos que hacer al día siguiente. Ella me hablaba de ciertos problemas con mi papá y la única vez que le hablé de un –trauma- con un chico, me regañó por no haberle contado antes.

Sé que ella esperaba cosas diferentes de mi, así como yo también esperé detalles de su parte. Éramos muy diferentes.

Pero tuvimos nuestros momentos, recuerdo esa mañana en que me miró mientras me arreglaba para ir a la escuela y de pronto me abrazó sin decirme nada, o las incontables ocasiones en que me compraba un helado y nos sentábamos a platicar en la placita.

Siempre confió en mi y nunca cuestionó mis decisiones, aunque le complicaran las finanzas o no las compartiera. Aunque tuviera modos bruscos de expresarse, al final siempre me tendió la mano y me facilitó el camino para lograr mis metas. Todos pensamos que nuestros papás harían cualquier cosa por nosotros, pocos tenemos la oportunidad de verlo.

Yo la recuerdo en este día, porque sé que le gustaba. Espero verle en mis sueños para darle su abrazo y ponernos al día. Sin llorar, sólo sonreír, cómo antes.